Obras

PRÓLOGO LA ARQUITECTURA DE UNA AURORA

Escribir es, en muchas ocasiones, un acto de supervivencia; pero escribir como lo hace la autora de este poemario es, sobre todo, un acto de soberanía.

Quien sostiene este libro entre las manos no se halla ante una simple colección de versos, sino ante el mapa de una reconstrucción humana trazado con la precisión de quien ha tenido que aprender a distinguir la luz entre las sombras más espesas.

Sostener la oscilación es el título y es la misión. La obra nos sumerge en el vaivén fundamental de la existencia: el pulso entre la vulnerabilidad del cristal que se rompe y la solidez del acero que se forja. A través de estas páginas, asistimos a una metamorfosis radical.

La voz poética parte de un silencio impuesto, de una lengua muda por el temor ante la crueldad, para emprender una búsqueda incansable de la propia suficiencia. El itinerario es conmovedor. La autora nos lleva de la mano desde la niña que en un «año gris» conquistó el derecho al saber en el – 11 instituto, hasta la mujer que hoy, frente a su balcón, decide que el riesgo de volver a perder es un precio justo por la libertad de aplicarse en ganar. No hay aquí rastro de victimismo; lo que hay es resiliencia pura. Es el kintsugi emocional de quien junta sus propios trozos —aquellos que partió la violencia— y los une con el hilo de la palabra hasta convertirlos en una esencia nueva, única y especial. En estos poemas, el dolor no es un fin, sino un tránsito. Existe el dolor que anula, pero también el dolor que «abre paso a una nueva vida». Existe el vacío de «no ser nada» ante el destino, pero también la plenitud de ser un «ruiseñor que canta a la noche». La autora logra lo que pocos poetas consiguen: elevar su historia personal a una categoría universal, convirtiendo su herida en un balcón desde el cual todos podemos aprender a mirar el horizonte. Este poemario es, en última instancia, un testamento de espe ranza. Es la prueba de que, tras el duelo y la toxicidad, es posible hilvanar otra existencia. Al cerrar este libro, el lector no recordará la oscuridad, sino el brillo natural de unos ojos que han recuperado su luz. Porque, como bien dice la autora, a pesar de todo el ruido y todo el daño, siempre nos queda la conquista más importante: la de la felicidad.

E. R. Monte

Compra cultura, compra poesía.